Calígula
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Su sonado estreno el año pasado en el teatro Lope de Vega de Sevilla fue la primera representación en 15 años de esta obra del Premio Nobel francés en nuestro país. Alegato dramático contra los totalitarismos (escrita en 1938, cuando Camus tenía 25 años, la pieza fue un éxito rotundo al estrenarse tras la II Guerra Mundial), su vigencia como denuncia de los vicios del poder unipersonal sigue vigente.
Provocativa y arriesgada, la colorista versión de la veterana compañía valenciana L'Om-Imprebís (responsables de montajes de sonado éxito por toda la geografía española, como 'Quijote', 'Don Juan' o 'Los mejores sketches de Monty Python') se mantiene fiel al texto de Camus y recrea su vestuario y escenografía inspirándose en los mosaicos romanos.
En la obra, que lleva sobre sus hombros una gira por toda la Península antes de asentarse en el teatro Fernán-Gómez, se cuenta la historia del emperador romano Calígula. Al morir su hermana Drusila, con la que mantenía relaciones incestuosas, Calígula cae en la locura y se vuelve un emperador tiránico. Roba y mata a su antojo, convirtiendo Roma en un infierno de depravación. Los patricios no tardan en conspirar para quitarle de en medio y Quereas es el encargado de apuñalarle.
Por lo tanto, se trata de un espectáculo que rebosa emoción, sexo y violencia, así como inmortales frases que han pasado a la historia del teatro. Tampoco faltan las obsesiones habituales en la creación literaria de Camus, como la duda existencialista y el sufrimiento inherente al ser humano.
